Santuario

  • 1.01.01. Mitreo de la calle Espronceda

    <p>En la primavera del a&ntilde;o 2000, una excavaci&oacute;n de urgencia en el n&ordm; 22 de la calle Espronceda de M&eacute;rida (Fig. 1.01.01.0a), sac&oacute; a la luz una estructura similar a la de los mitreos, aunque el &aacute;bside estaba destruido. Los muros perimetrales, en direcci&oacute;n NO.-SE. no superaban los 50 cm. de altura en el momento de su descubrimiento. A tenor de lo excavado se puede calcular que la nave tendr&iacute;a unos 5,5 m de ancho y unos 18 de largo, de los que s&oacute;lo se ha podido recuperar un tercio (Fig. 1.01.01.0b). A ambos lados, dos bancos corridos (de 1,7 de fondo por 0,8 m de alto), cubiertos con mortero y pintados de blanco, enmarcan un pasillo de 2,10 m de ancho, con suelo de tierra batida, en el que se encontr&oacute; lo que parece ser la parte baja de un altar (n&ordm; 1.01.01.01) y a su izquierda un recept&aacute;culo (n&ordm; 1.01.01.02), ambos de obra (Fig. 1.01.01.0c), como ocurre en el mitreo de los <i>Castra Peregrinorum </i>(Lissi-Caronna, 1986). El suelo del edificio presumiblemente se encontraba por debajo del nivel de calle, lo que articulaba un espacio semisubterr&aacute;neo (Fig. 1.01.01.0d). Todos los indicios apuntan a la identificaci&oacute;n de ese espacio con un mitreo, aunque en ausencia de epigraf&iacute;a o estatuaria, es muy dif&iacute;cil garantizar su adscripci&oacute;n. La prolongaci&oacute;n de los muros parece indicar que no se trata de una&nbsp;construcci&oacute;n aislada, sino integrada en un conjunto arquitect&oacute;nico m&aacute;s grande. No se puede determinar si se acced&iacute;a desde la calle directamente a la nave o si hab&iacute;a un pronaos o vest&iacute;bulo, como se acredita en otros lugares (Shepherd, 1998, 63; Beccatti, 1954, 135). Cabe asimismo la posibilidad de que hubiera una entrada lateral que uniera el mitreo con el edificio en el que aparentemente est&aacute; integrado, como en el mitreo de Lucrezio Menandro en Ostia (Becatti, 1954, 134). En el solar excavado se construy&oacute; una casa particular, por lo que no se han preservado los restos arqueol&oacute;gicos.</p>
  • 1.01.02. Materiales procedentes del Cerro de San Albín

    <p>La primera estatua que se descubri&oacute; al construir la plaza de toros, en 1903, fue el Mercurio sedente. La Comisi&oacute;n de Excavaciones que presid&iacute;a el propio M&eacute;lida se hace cargo de la extracci&oacute;n de los materiales del &ldquo;fil&oacute;n arqueol&oacute;gico&rdquo; que era el cerro. Especifica en ese momento M&eacute;lida que en 1902 se exhumaron seis estatuas, dos cabezas, varios fragmentos escult&oacute;ricos y algunos ep&iacute;grafes. En 1913 fueron siete las estatuas halladas, una cabeza, un crecido n&uacute;mero de fragmentos, dos aras votivas y restos de otras, a lo que se a&ntilde;ade otra cabeza descubierta en 1914. La importancia de los hallazgos tuvo su reconocimiento internacional a partir de los comentarios de Cumont (1905), de Vasconcellos (1913, pp. 334-341), de Paris (1914a, pp. 316-389; 1914b, y 1914b, pp. 292-296 y 1914c, pp. 1-31), de Lantier (1918), por citar a los m&aacute;s renombrados.</p> <p>Garc&iacute;a y Bellido (1948, pp. 313-321 y 1967, pp. 26-33) dio forma bastante definitiva al conjunto de los materiales y lo integr&oacute; en la colecci&oacute;n de objetos mitraicos de la Pen&iacute;nsula. Su cat&aacute;logo se ha mantenido como base para todos los estudios sobre mitra&iacute;smo peninsular y, a pesar de las novedades, los intentos de actualizaci&oacute;n no han logrado el formato compacto de aquel. El conjunto de materiales es espectacular y constituye una de las partes m&aacute;s atractivas del Museo Nacional de Arte Romano de M&eacute;rida, una joya arquitect&oacute;nica que alberga una magn&iacute;fica exposici&oacute;n en un modelo muse&iacute;stico de excelente calidad. Los fondos no exhibidos a&uacute;n siguen ofreciendo novedades importantes, como veremos inmediatamente despu&eacute;s.</p> <p>La opini&oacute;n generalizada en la bibliograf&iacute;a, desde M&eacute;lida (1914, p. 444), es que el mitreo ten&iacute;a que localizarse en el solar en el que se produjeron los hallazgos, aunque persisit&iacute;a la duda por la ausencia de restos de construcci&oacute;n. Bendala ha defendido su convicci&oacute;n que no ha podido corroborar al no haber logrado excavar en el coso<i>&nbsp;</i>(36). No supuso confrontaci&oacute;n con esta firme creencia el hallazgo del mitreo de la calle Espronceda (n&ordm; 1.01.01) por motivos diversos. Como se ha adelantado, la propia arque&oacute;loga desligaba ambos conjuntos por una cuesti&oacute;n cronol&oacute;gica: el mitreo excavado apenas estuvo en uso en el siglo II, mientras que la fundaci&oacute;n del mitreo constatado epigr&aacute;ficamente es de mediados de ese siglo, a pesar de lo cual Cacciotti (2008, p. 181) reabre&nbsp;la cuesti&oacute;n sin ahondar en ella (37). Raz&oacute;n no menos grave es que el tama&ntilde;o del mitreo de la calle Espronceda es demasiado peque&ntilde;o para haber podido albergar toda la estatuaria y altares procedentes del cerro. Podemos, en consecuencia, afirmar a partir del conocimiento que proporcionan los datos actuales que hubo en&nbsp;<i>Emerita&nbsp;</i>al menos dos mitreos sucesivos. Creo que frente a una distinci&oacute;n num&eacute;rica, frecuente en otros lugares, puesto que la raz&oacute;n de su conocimiento es diferente y de distintos momentos, no es f&aacute;cil adjudicar el &ldquo;1&rdquo; a uno u otro. Como desde la perspectiva hist&oacute;rica el excavado es menos importante, optar&eacute; por una denominaci&oacute;n que evite confusiones y permita una identificaci&oacute;n inmediata. Ser&aacute;, pues, este el Gran Mitreo de M&eacute;rida y el de la calle Espronceda el Peque&ntilde;o Mitreo.</p> <p>Abordamos a continuaci&oacute;n la colecci&oacute;n del Cerro de San Alb&iacute;n, correspondiente al Gran Mitreo, que, como se&ntilde;ala Bl&aacute;zquez, hubo de ser uno de los m&aacute;s importantes del Imperio (38). Para facilitar el acceso al conjunto, he separado los altares de las estatuas; &eacute;stas, a su vez, han quedado divididas entre las que llevan inscripci&oacute;n y las que no la tienen. Sin embargo, antes de prestar atenci&oacute;n pormenorizada a los materiales conviene destacar el resultado de una importante investigaci&oacute;n (Lapuente - Nogales - Royo - Brilli, 2014, pp. 333-354) en la que se ha llevado a cabo el estudio arqueom&eacute;trico de 51 esculturas y elementos decorativos de m&aacute;rmol del Museo Nacional de Arte Romano de M&eacute;rida fechadas entre el siglo I a.C. y el II d.C. El resultado ha revelado el origen del m&aacute;rmol, en ocasiones procedente de Turqu&iacute;a, de Grecia, de Carrara y de Estremoz. Para nuestros intereses concretos, se despeja una duda sobre el car&aacute;cter local o de importaci&oacute;n de la estatuaria del Cerro de San Alb&iacute;n. En su inmensa mayor&iacute;a est&aacute; realizada con m&aacute;rmol blanco de Borba, del anticlinal de Estremoz. El alcance de la constataci&oacute;n es enorme, pues implica una infraestructura mayor, en t&eacute;rminos t&eacute;cnicos y de visibilidad, que si las estatuas de culto hubieran sido de importaci&oacute;n. Significa, adem&aacute;s, el establecimiento de artistas peregrinos en la ciudad para acometer la tarea de esculpir toda la estatuaria y, junto a ello, la capacidad de intervenci&oacute;n m&aacute;s inmediata del contratista sobre el trabajo. El producto importado, por su parte, tiene otras implicaciones, entre las cuales est&aacute; el nada desde&ntilde;able incremento del coste a&ntilde;adido a la compra de un bien acabado. El prestigio de la obra concluida en un afamado taller lejano hab&iacute;a de tener repercusiones en su recepci&oacute;n y en su calidad no ya como obra art&iacute;stica, sino en su funci&oacute;n religiosa.</p>
  • 1.02.01. Mitreo (1)

    Las ruinas descubiertas en la punta de la estrecha península de Tróia (2) corresponden presumiblemente la Καιτόβριξ de Ptolomeo II, 5,2; Catobrica en Itin Ant. 417, 1; Rav. 306, 18. No ha habido unas excavaciones sistemáticas y la zona ha sufrido alteraciones como consecuencia de los procesos urbanísticos modernos. No obstante, en la actualidad hay una actuación constante gracias al interés del Tróia Resort, la entidad que explota turísticamente la zona y que promueve la valorización de las ruinas romanas de Tróia con un equipo arqueológico. En las proximidades de la basílica paleocristiana, convertida después en necrópolis (Pedroso, 2001, pp. 305-308; Pinto, Magalhâes, Brum, Almeida, 2014), fue hallado el relieve mitraico objeto de atención en el número siguiente. Ese hallazgo bastaría para afirmar que en Tróia, un hábitat esencialmente dedicado a la pesca y a la salazón, hubo una comunidad mitraica que veneraba a Mitra. El mitreo no ha sido hallado, pero hay indicios de que pudiera encontrarse en la zona NO de la basílica. En el espacio H del plano (Fig. 1.02.01), se ha localizado, por debajo del muro exterior de la basílica, un escalón de acceso a una habitación, aún no excavada, que estaría por debajo del nivel de la calle colindante. Que sea esa la localización precisa del mitreo no se podrá determinar hasta que se proceda a la excavación. García y Bellido (1948, pp. 305-306) se refiere así al lugar de hallazgo del tríptico: «En fecha que no he podido precisar, pero que cae hacia el año 1925, poco más o menos, se descubrieron dispersos en la ruina de una casa, en una estancia a modo de corredor (el lugar está cercano a lo que llaman «Bõca da Lagoa”, en la punta de la lengua de Troia), cinco fragmentos de un relieve mitraico…». Sin embargo, Costa, vincula el hallazgo a las exploraciones de la Sociedades Arqueológica Lusitana que dieron inicio en 1850; no indica en qué año se produjo el descubrimiento de los fragmentos del relieve, pero indica que aparecieron en una casa estrecha, en forma de corredor. El lugar exacto de hallazgo del tríptico no tiene por qué coincidir con la localización del mitreo, pues pudo haber sido trasladado; pero el hecho de que aparecieran los fragmentos sobre el suelo de esa estancia alargada podría ser indicio de que aquel era el verdadero lugar del mitreo. García y Bellido vincula a este conjunto una lucerna con representación de Helios (nº 1.02.01.02) y una cabeza de Júpiter Amón que Resende habría visto en el siglo XVI sobre la puerta de la capilla de Nossa Senhora do Rosário de Tróia (denominada «dos Prazeres» por Costa, al que sigue García y Bellido), erigida en el siglo XV. Sin embargo, Costa (p. 5) precisa que la lucerna había aparecido en otra casa. Puntualiza más García y Bellido la descripción del lugar de hallazgo, presumiendo que se produjo en el propio mitreo: «Los cinco fragmentos relivarios fueron hallados, dispersos y dentro de una cámara estrecha de unos dos metros de anchura y con una longitud de unos doce, es decir, con proporciones semejantes, aunque más reducidas, que las que suelen presentar algunos mithraea. De no ser este el santuario propiamente dicho, sería su pórtico, tras del cual, en Tróia, sigue una cámara de dimensiones más holgadas, pero desconocidas, por no haber sido excavada en su totalidad. Es muy posible que estos restos sean reliquias del antiguo mithraeum. A ello viene a ayudar el detalle de que en el mismo lugar apareció un cementerio de inhumación y restos considerables de una casa con pinturas parietales, entre las que se ha salvado casualmente un crismón, del que solo se ve, pero es bastante, uno de los brazos de la Chi y la Omega. A mayor abundamiento, en el mismo lugar se alzó, sin duda como recuerdo y en la tradición de este antiguo santuario cristiano, la capilla de Nossa Senhora dos Prazeres». No es posible dar una fecha en ausencia de excavación; aunque si la pieza siguiente está bien datada, el mitreo estaría en funcionamiento entre el siglo II y el III d.C.
  • 3.01.01. Supuesto mitreo en Can Modolell

    <p>Yacimiento situado a unos 130 km al nordeste de la capital provincial, <i>Tarraco</i>, a unos 30 de Barcelona siguiendo la l&iacute;nea de costa y a 5 km de Cabrera de Mar. El yacimiento no ha sido excavado en su totalidad, pues falta todo el cuadrante NO. y no hay una publicaci&oacute;n adecuada de la evoluci&oacute;n arquitect&oacute;nica del espacio. Su descubrimiento fue casual en 1974 y los restos actualmente visibles son producto de las actuaciones de la Secci&oacute; Arqueol&ograve;gica del Museu de Matar&oacute; entre los a&ntilde;os 1974 y 1984, por lo que los hallazgos se conservan en el museo de esta localidad. Una intervenci&oacute;n en 1999 permiti&oacute; determinar la planimetr&iacute;a como la conocemos ahora. La &uacute;ltima intervenci&oacute;n, de 2011, estableci&oacute; el l&iacute;mite norte del yacimiento y confirm&oacute; la ausencia de otras construcciones romanas en los alrededores. Se trata de un gran espacio con diferentes edificios, interpretados bien como construcciones de una villa romana de explotaci&oacute;n agraria compuesta por varias estructuras, o bien como espacio sacro desde sus or&iacute;genes, quiz&aacute; incluso de &eacute;poca ib&eacute;rica tard&iacute;a. Sin embargo, no parece que haya una continuidad formal, funcional, ni espacial entre los restos ib&eacute;ricos y los altoimperiales. En su conjunto, el &aacute;rea excavada abarca m&aacute;s de 350m2, aunque se estima en m&aacute;s de 1000 m2 el espacio arqueol&oacute;gico. Los primeros materiales romanos son de &eacute;poca augustea, pero no van acompa&ntilde;ados de construcci&oacute;n. El origen de las edificaciones romanas se sit&uacute;a entre el per&iacute;odo de Tiberio y el de Claudio, probablemente en conexi&oacute;n con la propia remodelaci&oacute;n de <i>Iluro </i>y su territorio al obtener la municipalidad. En la segunda mitad del siglo II el conjunto adquiere un aspecto mucho m&aacute;s estructurado por una serie de intervenciones sobre las que no hay acuerdo si se acometen simult&aacute;neamente o de forma progresiva. El hecho es que hacia mediados del siglo II, el conjunto se dota de una entrada monumental con continuidad en un criptop&oacute;rtico, en el que supuestamente se instalar&iacute;a un mitreo, idea no compartida por algunos&nbsp;autores (Clariana <i>et alii</i>, 2000, 165-200). En alg&uacute;n momento del siglo III o del IV, el complejo cay&oacute; en desuso, las estructuras colapsaron &ndash;sin que se pueda determinar si hubo acci&oacute;n violenta&ndash; y el espacio qued&oacute; cubierto por tierra. En la segunda mitad del siglo V se establecen nuevas edificaciones sobre el estrato de abandono.</p> <p>La documentaci&oacute;n parece indicar que en Can Modolell se veneraban otras divinidades al margen de Mitra, Neptuno, con casi total seguridad y una divinidad femenina no identificada, seg&uacute;n se indica m&aacute;s adelante. La mayor parte de los hallazgos destacados, m&aacute;rmoles de importaci&oacute;n, bronces y dedicatorias en bronce, corresponden a este per&iacute;odo cronol&oacute;gico. Una inscripci&oacute;n, fechada en &eacute;poca augustea, conmemora una <i>erogatio stipis</i>, un reparto realizado por los magistrados locales. Es, sin duda, anterior a los materiales mitraicos, lo que podr&iacute;a avalar la hip&oacute;tesis de que el lugar era ya sacro antes de que se ofrecieran los primeros objetos mitraicos. En esa direcci&oacute;n apuntan asimismo la inscripci&oacute;n de <i>Aphnius</i>, un liberto de <i>Paccius Saturninus</i>, procurador de Vespasiano, que corrobora el uso del espacio en la segunda mitad del siglo I d.C. y la <i>tabula ansata </i>dedicada en el &uacute;ltimo tercio del siglo I d.C. por <i>M</i>(<i>arcus</i>) <i>Flavius Moschus</i>, a una divinidad que no se reconoce, aunque se ha sugerido que fuera Silvano. Es muy probable que&nbsp;el dedicante sea un liberto Flavio. Todos estos hallazgos parecen corroborar la existencia de un espacio cultual en la segunda mitad del siglo I d.C., en el seno de una propiedad imperial (1), donde se acondicionar&iacute;a, ya en el siglo II, quiz&aacute; un ambiente espec&iacute;ficamente mitraico o incluso un mitreo. En cualquier caso, la epigraf&iacute;a conservada da preeminencia a Mitra, no sabemos si como deidad &uacute;nica venerada a partir de un determinado momento o como divinidad que comparte un espacio sacro previo en el que cohabita con otras deidades. Tanto en uno como en otro caso, el espacio reacondicionado hacia mediados del siglo II proporciona un valor simb&oacute;lico adicional a la historia del lugar, pues un nuevo dios ocupa un lugar ancestralmente sacro quedando as&iacute; legitimado. Otra alternativa ser&iacute;a admitir que Mitra accede a ese espacio sacro de la mano de sus devotos no en exclusividad, sino comparti&eacute;ndolo, de tal modo que no podr&iacute;amos hablar en propiedad de la existencia de un mitreo.</p>
  • 3.01.01. Supuesto mitreo en Can Modolell

    <p>Supuesto mitreo en Can Modolell, yacimiento situado a unos 130 km al nordeste de la capital provincial,&nbsp;<i>Tarraco</i>, a unos 30 de Barcelona siguiendo la l&iacute;nea de costa y a 5 km de Cabrera de Mar. El yacimiento no ha sido excavado en su totalidad, pues falta todo el cuadrante NO. y no hay una publicaci&oacute;n adecuada de la evoluci&oacute;n arquitect&oacute;nica del espacio. Su descubrimiento fue casual en 1974 y los restos actualmente visibles son producto de las actuaciones de la Secci&oacute; Arqueol&ograve;gica del Museu de Matar&oacute; entre los a&ntilde;os 1974 y 1984, por lo que los hallazgos se conservan en el museo de esta localidad. Una intervenci&oacute;n en 1999 permiti&oacute; determinar la planimetr&iacute;a como la conocemos ahora. La &uacute;ltima intervenci&oacute;n, de 2011, estableci&oacute; el l&iacute;mite norte del yacimiento y confirm&oacute; la ausencia de otras construcciones romanas en los alrededores. Se trata de un gran espacio con diferentes edificios, interpretados bien como construcciones de una villa romana de explotaci&oacute;n agraria compuesta por varias estructuras, o bien como espacio sacro desde sus or&iacute;genes, quiz&aacute; incluso de &eacute;poca ib&eacute;rica tard&iacute;a. Sin embargo, no parece que haya una continuidad formal, funcional, ni espacial entre los restos ib&eacute;ricos y los altoimperiales. En su conjunto, el &aacute;rea excavada abarca m&aacute;s de 350m2, aunque se estima en m&aacute;s de 1000 m2&nbsp;el espacio arqueol&oacute;gico. Los primeros materiales romanos son de &eacute;poca augustea, pero no van acompa&ntilde;ados de construcci&oacute;n. El origen de las edificaciones romanas se sit&uacute;a entre el per&iacute;odo de Tiberio y el de Claudio, probablemente en conexi&oacute;n con la propia remodelaci&oacute;n de&nbsp;<i>Iluro&nbsp;</i>y su territorio al obtener la municipalidad. En la segunda mitad del siglo II el conjunto adquiere un aspecto mucho m&aacute;s estructurado por una serie de intervenciones sobre las que no hay acuerdo si se acometen simult&aacute;neamente o de forma progresiva. El hecho es que hacia mediados del siglo II, el conjunto se dota de una entrada monumental con continuidad en un criptop&oacute;rtico, en el que supuestamente se instalar&iacute;a un mitreo, idea no compartida por algunos autores (Clariana&nbsp;<i>et alii</i>, 2000, 165-200). En alg&uacute;n momento del siglo III o del IV, el complejo cay&oacute; en desuso, las estructuras colapsaron &ndash;sin que se pueda determinar si hubo acci&oacute;n violenta&ndash; y el espacio qued&oacute; cubierto por tierra. En la segunda mitad del siglo V se establecen nuevas edificaciones sobre el estrato de abandono.</p> <p>La documentaci&oacute;n parece indicar que en Can Modolell se veneraban otras divinidades al margen de Mitra, Neptuno, con casi total seguridad y una divinidad femenina no identificada, seg&uacute;n se indica m&aacute;s adelante. La mayor parte de los hallazgos destacados, m&aacute;rmoles de importaci&oacute;n, bronces y dedicatorias en bronce, corresponden a este per&iacute;odo cronol&oacute;gico. Una inscripci&oacute;n, fechada en &eacute;poca augustea, conmemora una&nbsp;<i>erogatio stipis</i>, un reparto realizado por los magistrados locales. Es, sin duda, anterior a los materiales mitraicos, lo que podr&iacute;a avalar la hip&oacute;tesis de que el lugar era ya sacro antes de que se ofrecieran los primeros objetos mitraicos. En esa direcci&oacute;n apuntan asimismo la inscripci&oacute;n de&nbsp;<i>Aphnius</i>, un liberto de&nbsp;<i>Paccius Saturninus</i>, procurador de Vespasiano, que corrobora el uso del espacio en la segunda mitad del siglo I d.C. y la&nbsp;<i>tabula ansata&nbsp;</i>dedicada en el &uacute;ltimo tercio del siglo I d.C. por&nbsp;<i>M</i>(<i>arcus</i>)&nbsp;<i>Flavius Moschus</i>, a una divinidad que no se reconoce, aunque se ha sugerido que fuera Silvano. Es muy probable que&nbsp;el dedicante sea un liberto Flavio. Todos estos hallazgos parecen corroborar la existencia de un espacio cultual en la segunda mitad del siglo I d.C., en el seno de una propiedad imperial (1), donde se acondicionar&iacute;a, ya en el siglo II, quiz&aacute; un ambiente espec&iacute;ficamente mitraico o incluso un mitreo. En cualquier caso, la epigraf&iacute;a conservada da preeminencia a Mitra, no sabemos si como deidad &uacute;nica venerada a partir de un determinado momento o como divinidad que comparte un espacio sacro previo en el que cohabita con otras deidades. Tanto en uno como en otro caso, el espacio reacondicionado hacia mediados del siglo II proporciona un valor simb&oacute;lico adicional a la historia del lugar, pues un nuevo dios ocupa un lugar ancestralmente sacro quedando as&iacute; legitimado. Otra alternativa ser&iacute;a admitir que Mitra accede a ese espacio sacro de la mano de sus devotos no en exclusividad, sino comparti&eacute;ndolo, de tal modo que no podr&iacute;amos hablar en propiedad de la existencia de un mitreo.</p>
  • 3.03.01. Espléndida villa marítima de Els Munts en Altafulla, con un posible mitreo.

    <p>A unos 12 km. al norte de Tarragona, entre la necr&oacute;polis donde se alza la Torre de los Escipiones y el Arco de Bar&aacute;, sobre un promontorio costero se encuentra la villa romana de Els Munts, la m&aacute;s grande de todo el territorio tarraconense (Fig. 3.03.01) (1). A mediados del siglo XX comenzaron las excavaciones m&aacute;s o menos sistem&aacute;ticas que sacaron a la luz el&nbsp;triclinio con sus mosaicos, as&iacute; como el extremo del corredor porticado situado por debajo del nivel de la villa, por lo que es denominado &ldquo;criptop&oacute;rtico&rdquo; (S&aacute;nchez Real, 1971). Desde entonces se ha actuado en las termas situadas en la playa, y sobre todo en el &aacute;rea principal de la villa. Entre 2004 y 2005 se orient&oacute; la atenci&oacute;n hacia el p&oacute;rtico de acceso a los ba&ntilde;os meridionales y el sector al este del&nbsp;<i>triclinium</i>, lo que dio lugar a la localizaci&oacute;n del mitreo. La excepcional importancia del yacimiento facilit&oacute; su Declaraci&oacute;n de Conjunto Hist&oacute;rico-Art&iacute;stico y Arqueol&oacute;gico de car&aacute;cter nacional (RD 529/1979, de 2 de febrero) y de Bien Cultural Inter&eacute;s Nacional (BCIN) por la ley de patrimonio cultural catal&aacute;n de 1993. En 1986 hab&iacute;a sido incluido en Plan Nacional de Parques Arqueol&oacute;gicos. En el a&ntilde;o 2000, la villa romana dels Munts fue declarada patrimonio mundial por la UNESCO como parte del conjunto arqueol&oacute;gico de&nbsp;<i>Tarraco</i>. La villa fue construida muy a comienzos del siglo II en un altozano, orientada a mediod&iacute;a y articulada en terrazas ajardinadas con edificios independientes que ocupaban desde la playa, donde hab&iacute;a una instalaci&oacute;n termal, hasta la parte m&aacute;s elevada, ocupada por la residencia principal abierta a un peristilo desde el que se dominaba la propiedad. Se trata de una majestuosa villa aristocr&aacute;tica al servicio de las necesidades y ocupaciones del gran propietario, la riqueza de sus mosaicos, la calidad de sus esculturas y de sus frescos, su tama&ntilde;o, lo atestiguan. Un sello personal y un&nbsp;<i>titulum pictum&nbsp;</i>con menci&oacute;n de&nbsp;<i>Auitus</i>, permiten saber que a mediados del siglo II su propietario era&nbsp;<i>Gaius Valerius Auitus</i>, enviado por el emperador Antonino P&iacute;o a&nbsp;<i>Tarraco</i>, ciudad de la que fue dunviro (Garc&iacute;a - Macias - Teixell, 1999,&nbsp;pp. 278-279). A lo largo de su existencia, la villa conoce algunas intervenciones,&nbsp;una de las cuales, poco despu&eacute;s de iniciado el siglo II, habilit&oacute; el mitreo. Hacia el a&ntilde;o 275 un incendio afecta a buena parte del edificio principal que se abandona. Poco a poco parece que el lugar se ocupa de forma precaria, pero en el siglo IV los indicios permiten suponer que hay una recuperaci&oacute;n arquitect&oacute;nica del edificio principal, que nunca alcazar&aacute; la majestuosidad de la &eacute;poca altoimperial. El mitreo se edifica cuando la villa ya estaba funcionando, seg&uacute;n se deduce de su irregular inserci&oacute;n en el conjunto, pero los materiales relacionados con el proceso de construcci&oacute;n no permiten afinar la cronolog&iacute;a. La fase final de vida del edificio cultual se pone en relaci&oacute;n con la colmataci&oacute;n de los sumideros de desag&uuml;e, que se fecha por una moneda de Alejandro Severo de 234. El derrumbe del edificio de culto tiene lugar en la segunda mitad del siglo IV.</p>
  • 3.03.01.01. Mitreo

    <p>El estado de preservaci&oacute;n es muy malo debido a los saqueos posteriores a su destrucci&oacute;n y a la actividad agr&iacute;cola posterior (Fig. 3.03.01.01b). Sin embargo, la disposici&oacute;n del pronaos, sala y &aacute;rea de culto parece muy clara. La planta trapezoidal del pronaos, de 29 m2, responde a la necesidad de adecuar el&nbsp;ensamblaje de la nave, que no sigue la disposici&oacute;n ortogonal de toda la villa, sino que tiene una desviaci&oacute;n probablemente motivada por necesidades de orientaci&oacute;n solar. La sala cultual parece haber tenido el suelo algo m&aacute;s bajo que el corredor de acceso, quiz&aacute; con la intenci&oacute;n de simular la gruta, de 30 x 8 m. un tama&ntilde;o enorme, s&oacute;lo comparable al que se destruy&oacute;, sin excavaci&oacute;n, en Maguncia en 1976, al que se ha estimado una longitud de tambi&eacute;n 30m (1). Una banqueta de 60 cm de fondo recorre buena parte del lado norte de la gruta, el resto se ha perdido (Fig. 3.03.01.01c). Entre los dos&nbsp;<i>podia&nbsp;</i>hab&iacute;a un pasillo de 26 m de largo por unos 3,60 de ancho, hacia la mitad del cual se localiz&oacute;&nbsp;<i>in situ&nbsp;</i>los restos de una basa de estatua y, por debajo de los niveles de colmataci&oacute;n, tambi&eacute;n hacia la mitad del pasillo central, restos de un grupo escult&oacute;rico no identificable (Fig. 3.03.01.02.01, en p. 169) y otra ara anep&iacute;grafa (Fig. 3.03.01.01d). Los restos de unos bloques en el suelo parecen indicar que una fila de columnas sustentaba la parte central del techo; esas columnas servir&iacute;an para delimitar la caverna en siete segmentos, tal vez&nbsp;relacionados con los grados inici&aacute;ticos y la distribuci&oacute;n de los miembros de cada grado en esos segmentos. Quedan restos de la decoraci&oacute;n parietal, muy da&ntilde;ada, pero que permiten saber que las paredes iban pintadas en rojo. En el extremo de los bancos m&aacute;s pr&oacute;ximo a la puerta de entrada hay sendas escaleras de acceso y junto a la del podio meridional se hall&oacute; una basa de estatua anepigrafa; en el lado opuesto se detect&oacute; la impronta de otra. Sugiere Remol&agrave; (1999, p. 6) con verosimilitud que sobre ellas ir&iacute;an las estatuas de los dad&oacute;foros. Hacia la mitad de los bancos se han detectado en el lado septentrional un recept&aacute;culo cuadrangular y, en el otro, circular, con desag&uuml;e. Ambos tuvieron una funci&oacute;n ritual vinculada con el agua. Al pie del podio se localizan restos de un altar triangular hueco de piedra local y una canalizaci&oacute;n (fig. 3.03.01.01e) (2). Fragmentos escult&oacute;ricos dispersos (de antiguas excavaciones), e incluso restos de un horno dom&eacute;stico, tambi&eacute;n se han localizado en el curso de las nuevas investigaciones, realizadas&nbsp;en sucesivas campa&ntilde;as desde 2004 (3). Tambi&eacute;n es de destacar el hecho de que&nbsp;se trate de un edificio construido&nbsp;<i>ex novo&nbsp;</i>sin condicionantes ni limitaciones de espacio. En efecto, en la remodelaci&oacute;n emprendida en la primera mitad del siglo II, un antiguo p&oacute;rtico se convierte en corredor de acceso al espacio cultual. A comienzos del siglo III los espacios entre los pilares del p&oacute;rtico se ciegan, con lo que se consigue un efecto adecuado para la actividad cultual, que se sit&uacute;a en contacto con la&nbsp;<i>ambulatio&nbsp;</i>que articula el conjunto arquitect&oacute;nico residencial, como nexo entre el n&uacute;cleo de la villa, el jard&iacute;n, el&nbsp;<i>triclinium&nbsp;</i>y los ba&ntilde;os meridionales. Exteriormente se adosar&iacute;a al cuerpo del&nbsp;<i>triclinium</i>, con la fachada meridional mirando a los ba&ntilde;os entorno a una hipot&eacute;tica palestra. Una posici&oacute;n arquitect&oacute;nicamente relevante en el conjunto de la villa. Se trata con total verosimilitud del mitreo privado de un destacado funcionario imperial; en &eacute;l rend&iacute;an culto los miembros de la&nbsp;<i>familia&nbsp;</i>del propietario, incluidos sus esclavos y libertos. Los materiales recuperados indican que la amortizaci&oacute;n del espacio cultual se produjo avanzada la segunda mitad del siglo IV.</p> <p>El mitreo es de dimensiones comparables al documentado en las Terme di Caracalla en Roma (23 x 10 m), el m&aacute;s grande de los conservados, junto con el de S&aacute;rkeszi, en Panonia Inferior, que ten&iacute;a el mismo tama&ntilde;o; el mitreo III de&nbsp;<i>Carnuntum&nbsp;</i>ten&iacute;a 23 x 8,5 (4). Por su magnitud, se puede evaluar el car&aacute;cter extraordinario que posee es mitreo, inserto en una villa, circunstancia poco frecuente, pero que ha suscitado un inter&eacute;s creciente. En Hispania podr&iacute;a compararse con el caso de Can Modolell (3.01.01), si verdaderamente se tratara de una villa con mitreo y no un santuario de peregrinaci&oacute;n. Son diferentes los casos de Cabra, una villa suburbana (2.04.01), y de Lugo (3.08.01), donde el mitreo est&aacute; enclavado en una&nbsp;<i>domus intra muros</i>. En cualquier caso, Els Munts presenta unas particularidades que lo hacen excepcional tambi&eacute;n, por la suntuosidad de la villa en la que est&aacute; el mitreo. Ese car&aacute;cter singular de la villa contribuye a la reconstrucci&oacute;n del proceso de implantaci&oacute;n y recepci&oacute;n del mitra&iacute;smo en la Tarraconense. Desde el punto de vista de la articulaci&oacute;n de los elementos en el interior del mitreo, la alteraci&oacute;n en la estructura de los bancos en su parte central para permitir la presencia de dos hoquedades, una rectangular y la otra circular, me hace pensar que su misi&oacute;n es determinar el lugar por el que se produce la apog&eacute;nesis y la g&eacute;nesis, es decir, el lugar por el que las almas descienden a la tierra y por el que migran. Estos orificios adquieren formas diferentes en los distintos mitreos en los que se han detectado. Esos &uacute;ltimos orificios parecen documentarse en el mitreo peque&ntilde;o de M&eacute;rida; por el contrario, la destrucci&oacute;n de los bancos no ha permitido su preservaci&oacute;n en el de Lugo.</p>
  • 3.09.01.

    <p>Con motivo de la rehabilitaci&oacute;n del Pazo de Montenegro &ndash;situado en la Plaza de P&iacute;o XII, n&ordm; 3&ndash; para convertirlo en sede del Vicerrectorado de la Universidad de Santiago del Campus de Lugo se produjo el hallazgo de restos romanos de notable envergadura. Llevadas a cabo las correspondientes excavaciones, se ha documentado una gran&nbsp;<i>domus&nbsp;</i>altoimperial que albergaba en su interior un mitreo, cuya planta se conserva pr&aacute;cticamente &iacute;ntegra. La identificaci&oacute;n del espacio como mitreo est&aacute; corroborada por la aparici&oacute;n de un altar dedicado al dios Mitra (n&ordm; 3.09.02.) entre otros materiales (Fig. 3.09.01b), entre los que cabe destacar varias lucernas y peque&ntilde;os fragmentos de bronce que podr&iacute;an haber formado parte del relieve de la taurocton&iacute;a (Fern&aacute;ndez Ib&aacute;&ntilde;ez, 2011, n&ordm; 9, pp. 78 y 134, figs. 6-7). La&nbsp;<i>domus&nbsp;</i>sufri&oacute; una destrucci&oacute;n parcial hacia el a&ntilde;o 260 al producirse la reconstrucci&oacute;n de la muralla de la ciudad, momento en el que incluso se instal&oacute; un molino de harina en una de las dependencias, tal vez con el prop&oacute;sito de suministrar harina a los trabajadores de la muralla. A pesar de esa intervenci&oacute;n en el espacio de la&nbsp;<i>domus</i>, el mitreo, que hab&iacute;a sido construido a comienzos del siglo III, continu&oacute; en uso hasta 320-350 d.C. Todas las monedas exhumadas corresponden al per&iacute;odo que va de 250 a 350 d.C.</p> <p>La habitaci&oacute;n destinada a mitreo es una construcci&oacute;n nueva que se acomete a comienzos del siglo III d.C. Su estructura es rectangular. Tiene 15.7 m de largo por 7 m de ancho, con un pasillo central a cada uno de cuyos lados hab&iacute;a cinco pilares equidistantes de una altura indeterminable. Da la impresi&oacute;n de que hubieran servido de base a los&nbsp;<i>triclinia&nbsp;</i>en los que se recostaban los miembros de la comunidad o para sustentar la techumbre&nbsp;de la habitaci&oacute;n. No hay ning&uacute;n otro elemento arquitect&oacute;nico que vincule el edificio al culto de Mitra. No se conserva el &aacute;bside para colocar la taurocton&iacute;a. Entre los pilares cuarto y quinto del muro sur, por donde deber&iacute;a estar la entrada, dos paredes paralelas estrechan el pasillo central. En el centro del pasillo en ese preciso lugar hab&iacute;a una basa fabricada con ladrillos, en la que originalmente se encontraba el altar (n&ordm; 3.09.01.01a). Por detr&aacute;s se encontrar&iacute;a el &aacute;bside con la representaci&oacute;n de la taurocton&iacute;a, de la que no quedan vestigios (Fig. 3.09.01.c). Todo ello ha quedado por debajo de construcciones modernas. La puerta principal estar&iacute;a situada probablemente en la fachada opuesta al &aacute;bside, como es habitual, pero tampoco quedan restos de ella. S&iacute; son visibles, en cambio, trazas de lo que pudo ser un n&aacute;rtex o antesala (Fig. 3.09.01d) (1). La superficie de la cella ronda los 110 m2, a los que habr&iacute;a que a&ntilde;adir alguna de las habitaciones adyacentes cuya funci&oacute;n estar&iacute;a relacionada con las actividades rituales o de servicio. En definitiva, pues, se trata de un mitreo inserto en una casa particular, probablemente la residencia del jefe del destacamento de la&nbsp;<i>Legio VII Gemina&nbsp;</i>establecido en&nbsp;<i>Lucus&nbsp;</i>para la vigilancia y defensa de la ciudad. Este mitreo se construye a comienzos del siglo III y permanece en uso hasta el 320-350 aproximadamente.</p>
  • FC2.08.01. Tumba del Elefante.

    <p>Descubierta en 1880, las excavaciones comenzaron cinco a&ntilde;os m&aacute;s tarde. Se trata de un espacio singular en la necr&oacute;polis&nbsp;de Carmona. Es un hipogeo situado en el extremo noroccidental del conjunto arqueol&oacute;gico, concretamente junto a la calle J. Bonsor, fuera de los muros de la ciudad. Una escalera de ocho pelda&ntilde;os, orientada al este, da acceso a un espacio excavado en la roca. La escalera desemboca en una antesala, cubierta por una b&oacute;veda tallada, en cuyo lado derecho hay una hornacina. Desde all&iacute; se accede a un pasillo que atraviesa un espacio rectangular abierto, al que divide en dos espacios. El primero, situado al norte, se eleva por medio de un muro de sillares con pilares y escalera de acceso, junto al muro oeste; en su mitad oriental hay un triclinio. El segundo, al sur, est&aacute; tallado en la roca y presenta tres pilares sobre elevados con respecto al pasillo; se accede a ese espacio, asimismo triclinal, por una escalera central. Un dep&oacute;sito recoge las aguas del ninfeo situado en el muro meridional. El ninfeo es una compleja estructura hidr&aacute;ulica, alimentada por un pozo situado en el &aacute;rea abierta. Un canal une el pozo con una hornacina decorada con un relieve con figura sedente, desde la que mana el agua hasta el dep&oacute;sito. Frente a la fuente, en la pared norte de este espacio, se abre una c&aacute;mara doble. En la primera hay dos bancos afrontados entre los que se localiza un pedestal. Mediante un vano se accede a la segunda habitaci&oacute;n, de tama&ntilde;o m&aacute;s reducido, tambi&eacute;n con dos bancos en paredes contiguas. Siguiendo el pasillo y tras superar este espacio, se accede a tres c&aacute;maras. La septentrional es una gran galer&iacute;a de secci&oacute;n parab&oacute;lica, dividida en dos por un murete de mamposter&iacute;a; en la primera hay un pedestal de obra sobre el que Fern&aacute;ndez L&oacute;pez y Bonsor colocaron una estatua de elefante; en la segunda, m&aacute;s grande, hay seis nichos, y que corresponder&iacute;a a la c&aacute;mara funeraria. Al frente se sit&uacute;a la c&aacute;mara principal con un gran triclinio; su puerta est&aacute; flanqueada por sendos nichos, uno de los cuales est&aacute; cortado por una ventana abierta con posterioridad que da a la estancia del elefante. Sobre la puerta est&aacute; tallada la ventana oblicua, clave para la interpretaci&oacute;n del monumento. Entre el pasillo central y el pozo un acceso conduce a una estancia considerada como cocina, con un poyo, banco corrido y posiblemente una chimenea.</p> <p>Es el conjunto m&aacute;s complejo de todo el recinto necropolitano. Por su contexto arqueol&oacute;gico se interpret&oacute; que se trataba de una imponente tumba familiar (Fern&aacute;ndez L&oacute;pez, 1886). En esa misma l&iacute;nea, Fern&aacute;ndez-Chicarro (1969, p.&nbsp;23) sugiri&oacute; que se trataba de la sede de un colegio funeraticio. En su estudio sobre la necr&oacute;polis de Carmona, Bendala (1976, pp. 49-72) propuso que se trataba de un santuario metr&oacute;aco, oponi&eacute;ndose de ese modo a la opini&oacute;n dominante hasta entonces de que se trataba de un espacio necropolitano excepcional. Sus razones se basaban en la orientaci&oacute;n de la c&aacute;mara principal hacia el amanecer del solsticio de invierno y en el significado de las esculturas encontradas: un Atis, un elefante y el relieve que representar&iacute;a un sacerdote; incluso lleg&oacute; a proponer con titubeos una cronolog&iacute;a en la primera mitad del siglo I d.C. (Bendala, 1976, p. 65). Vermaseren (1986, p. 62) pens&oacute; que no se tratar&iacute;a de un santuario, sino de la tumba de un sacerdote. Poco despu&eacute;s, Fear (1990) refuta a Bendala y regresa a la interpretaci&oacute;n funeraticia familiar.</p> <p>El an&aacute;lisis arqueol&oacute;gico m&aacute;s reciente propone cuatro fases en la historia del monumento. La primera corresponde a su construcci&oacute;n: un edificio subterr&aacute;neo, al que se accede por una escalera de madera, con una gran sala central dividida en tres naves, la central algo deprimida. Al frente se abra una habitaci&oacute;n doble, una de las cuales conserva un pedestal. En el lateral sur del&nbsp;edificio hab&iacute;a una hornacina de la que surg&iacute;a agua a un contenedor, procedente de un pozo a trav&eacute;s de una canalizaci&oacute;n. Al fondo se sit&uacute;a la c&aacute;mara principal, sobre elevada en relaci&oacute;n con la nave central, que se ilumina mediante una ventana inclinada. A todo ello se a&ntilde;aden estancias adicionales.</p> <p>La segunda fase conoce la divisi&oacute;n en dos de la galer&iacute;a, para construir en una parte la c&aacute;mara funeraria, mientras que la otra aloja el pedestal. Esta reforma no parece haber afectado al funcionamiento previo del conjunto; se tratar&iacute;a de una reforma.</p> <p>La tercera fase, en cambio, parte de una remodelaci&oacute;n radical, pues se elimina la cubierta de la gran sala central, se talla un triclinio en la c&aacute;mara principal, se ampl&iacute;a la nave norte para dar cobijo a un triclinio y se crea otro en la nave sur. Adem&aacute;s, se preparan arriates para colocar plantas trepadoras. La cuarta fase corresponde al abandono del edificio, que se llena de escombros, aunque el espacio sigue us&aacute;ndose como lugar de enterramientos.</p> <p>A partir de la orientaci&oacute;n de la ventana se ha propuesto una nueva interpretaci&oacute;n del significado simb&oacute;lico y religioso del monumento, en virtud de la cual, se tratar&iacute;a en realidad de un mitreo (Jim&eacute;nez-Carrasco, 2012, pp. 119-139). La argumentaci&oacute;n es puramente especulativa. No proporciona ninguna raz&oacute;n que no sea circular para sostener la hip&oacute;tesis mitraica. De hecho, no resuelve ninguno de los problemas planteados y genera otros adicionales que ni siquiera son abordados. &iquest;Qu&eacute; hacen un elefante o un Atis en un mitreo? &iquest;Qu&eacute; hace un mitreo en una necr&oacute;polis? Los rayos de luz siempre entran en alg&uacute;n momento por un orificio orientado. Solsticios y equinoccios son momentos comunes a muchas celebraciones dispares. Es necesario m&aacute;s rigor para especular con el mitra&iacute;smo.</p> <p>La ventana entre la c&aacute;mara principal y el pedestal del elefante fue realizada en un momento posterior al del funcionamiento del monumento (Fern&aacute;ndez L&oacute;pez, 1886, p. 51) y Bendala lo explic&oacute; como una reforma necesaria para corregir un error de c&aacute;lculo de los constructores (Bendala, 1976, p. 51).</p> <p>Mu&ntilde;oz Garc&iacute;a-Vaso (1997, p. 173) hab&iacute;a apuntado que se podr&iacute;a tratar de un mitreo, aunque no aduc&iacute;a ning&uacute;n argumento al respecto, simplemente afirmaba que contiene claros indicios mitraicos. Por su parte, Barrientos (2001,&nbsp;p. 379) tambi&eacute;n se hace eco de esta sospecha, sin aludir al autor anterior y sin ofrecer tampoco raz&oacute;n para tal atribuci&oacute;n.</p> <p>&nbsp;</p>
  • FC2.12.01. Las excavaciones realizadas en la villa romana de Fuente Álamo

    <p>Las excavaciones realizadas en la villa romana de Fuente &Aacute;lamo, desde 1982, han sacado a la luz un complejo arqueol&oacute;gico, que inicialmente parece haber sido un&nbsp;<i>balneum</i>, presumiblemente abandonado a mediados del siglo II y convertido en la segunda mitad del siglo III en una enorme villa, aunque carente de suntuosidad. Los suelos no parecen pavimentados, sino de tierra apisonada. Un siglo m&aacute;s tarde se emprende intensamente la redecoraci&oacute;n de la villa, cuya habitaci&oacute;n n&ordm; 10 interpretada como posible mitreo (Fig. 2.07.01a). Es muy probable que esa habitaci&oacute;n hubiera tenido con anterioridad otra funci&oacute;n, porque en cierto momento se cegaron sus hornacinas, con la intenci&oacute;n de evitar la iluminaci&oacute;n externa. La habitaci&oacute;n est&aacute; dividida en tres cuerpos, dos de los cuales corresponder&iacute;an a las dos bancadas, de las que no hay huellas. Dado que toda la estancia est&aacute; pavimentada con un mosaico, de motivos geom&eacute;tricos en blanco y negro, debemos suponer que en este caso los bancos eran de madera. En el pasillo central, situado en una cota unos 15 cm m&aacute;s baja que los laterales, se aprecian los restos de lo que pudo haber sido el altar, aunque lo que resulta ahora visible es un hogar tardoantiguo. Las paredes debieron estar recubiertas con estuco y presentan restos de fuego. El supuesto mitreo est&aacute; precedido por un pronaos cuya misi&oacute;n ser&iacute;a almacenar objetos del culto y servir de sala auxiliar. La pared del fondo tiene un &aacute;bside semicircular bien conservado, en el que se supone que habr&iacute;a estado el relieve o la escultura taur&oacute;ctona. La ausencia total de materiales dificulta la adscripci&oacute;n religiosa, pero expresa el exquisito cuidado con el que el espacio se dej&oacute; vac&iacute;o.</p>
  • FC3.04.02. Supuesto mitreo en Tarragona.

    <p>Con motivo de la edificaci&oacute;n de la Casa del Mar, un edificio de servicios que se construy&oacute; a inicios de la d&eacute;cada de los 80 del siglo pasado en la parte baja de Tarragona, en concreto en el carrer de Francesc Bastos, aparecieron restos que dieron pie a una intervenci&oacute;n arqueol&oacute;gica. En las excavaciones, in&eacute;ditas, se descubrieron una &aacute;rea funeraria y una cripta, que se a&ntilde;ade a otras previamente documentadas en la zona. Alguien pens&oacute; que se trataba de un mitreo&nbsp;y as&iacute; se difundi&oacute; verbalmente la noticia, que nunca se ha recogido en ninguna publicaci&oacute;n. Me indica amablemente el Dr. Josep Ant&oacute;n Remol&agrave;, a quien debo la informaci&oacute;n que poseo sobre este asunto, que estando a&uacute;n accesible logr&oacute; visitar esa cripta, en la que no vio nada que pudiera vincularla arquitect&oacute;nicamente a un mitreo. Esos restos correspond&iacute;an a una&nbsp;<i>domus&nbsp;</i>suburbial de Tarraco.</p>
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